Ella no puede ofrecerte nada, ella no tiene nada. Hiciste caso a esas palabras. Fueron mas fuertes sus espinas, pude comprender tu silencio. Sabía que tu me querías. Y fuiste tú, el que sin importarte me tiraste al mar, y jamás preguntaste si sabía nadar. Y sola naufragando pude continuar, pidiendo un salvavidas que me iba a buscar, a una mujer que se muere sin tener razón, que su único pecado fue brindar amor, que su único tesoro fue su corazón.
